Arte erótico en la Antigüedad

Para todos aquellos profesores del siglo XVIII que admiraban profundamente a los grandes artistas de la Antigüedad, encontrarse con que la inmensa mayoría de las estatuas que realizaban estaban desnudas, fue algo demasiado chocante. Tanto les impresionó este descubrimiento, que muchos de ellos se negaron a mostrarles a sus alumnos las imágenes de las estatuas desnudas o las escenas explícitamente sexuales que aparecen en algunas piezas de cerámica.

¿Por qué este recato con algo tan natural como el desnudo? Porque para personas que se han educado bajo la influencia del catolicismo más tradicional, todo aquello que se salga de lo aceptado por sus preceptos, conduce al pecado. De hecho, aunque hemos avanzado mucho en nuestras costumbres, todavía hoy en día en multitud de museos del mundo XXX se suelen apartar obras con contenido erótico, para evitar que algunas personas se escandalicen por su visión.

Arte erótico en la Antigüedad

A pesar de estas reservas, comprensibles si tenemos en cuenta la época en la que las primeras estatuas clásicas comenzaron a aflorar, es totalmente imposible tener una visión de conjunto sobre las costumbres y la idiosincrasia de dos sociedades tan íntimamente relacionadas como la griega y la romana, sin analizar las escenas eróticas. Unas escenas, que ambas sociedades representaban en objetos tan cotidianos como podían ser las vasijas en las que guardaban el agua o el vino, los platos en los que disfrutaban de la comida, lámparas de aceite para alumbrar sus hogares y por supuesto en los objetos de tipo religioso. Eso sí, antes de interpretar todo este material objetivamente, es necesario tener claro que la sexualidad en el mundo antiguo era algo completamente natural, que formaba parte del lenguaje e incluso era utilizada de forma humorística.

¿Estaban todas las representaciones encaminadas a potenciar el deseo sexual?

No, ya que aunque se representen escenas que a primera vista puedan dar esa impresión, estos motivos tienen una intención bien distinta. Al igual que en multitud de las culturas de aquella época, todas aquellas divinidades que se encontraban relacionadas con la fertilidad, eran representadas con unos símbolos sexuales mucho más generosos que los que poseían los hombres y mujeres griegos y romanos. Un buen ejemplo de ello, es el dios Pan, un pequeño ser que vivía en los bosques al que los pastores y todos aquellos que se dedicaban a las labores del campo adoraban como símbolo de fertilidad.

¿Qué es lo que tenía de particular este dios? Que poseía varios de los elementos que en momentos posteriores, pasarán a formar parte de los atributos del porno gratis Dionisos griego y el Baco romano: cuernos y patas de macho cabrío. Pero no solo destaca por su particular aspecto, sino que además se le atribuyen un sinfín de asaltos amorosos a los espíritus femeninos de las fuentes y los ríos, prueba de su incuestionable virilidad.

Príapo

Aunque siguió siendo muy venerado por las gentes del campo, su culto terminó por ser absorbido por otro dios muy relacionado con la sexualidad, Dionisos. Un dios al que siempre le rodeaba una corte de sátiros, de cuya unión con la diosa del amor, Afrodita, nació el que probablemente sea uno de los dioses menores más llamativos del panteón griego: Príapo. ¿Por qué llamaba tanto la atención? Porque en todas sus representaciones, ya sea como estatua o pequeño amuleto para conseguir mayor potencia sexual, es representado con su miembro viril erecto.

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